Sí/no a la carne. Instinto o aprendizaje
Hola,
Hoy casi no me da tiempo a escribir, pero como tengo el compromiso lo haré en este ratito antes de ir a recoger a los niños.
El tema es la percepción del acto de comer proteína animal, y la carne en especial.
Cuando era bien jovencita mi padre me introdujo en el mundo de vegatarismo.
Desde entonces ha llovido mucho y han habido épocas que he sido más o menos vegetariana, más o menos vegana y además macrobiótica. Pero en general abrazando lo vegetal como una prioridad. Tenía el concepto o la creencia que el alimento animal no era positivo para mi vida, todo basado en los argumentos bien conocidos; salud, ecologismo, ética por el bienestar de los animales...
Así, cuando tomaba alga animal, no experimentaba una sensación completa de felicidad o satisfacción, ya que creía que no estaba haciendo lo correcto. Siempre era más bien un "nadie es perfecto, "un día es un día", "qué se le va hacer, es que mi cuerpo me lo pide (que era verdad y a veces a gritos)"....
Pues bien, con este tema de Paleo, en que todos los expertos te afirman con sólidos argumentos que la carne es necesaria para la salud, y sobre todo, que gracias a ella hemos evolucionado hasta aquí, que está en nuestra naturaleza. Ahí todo cambió.
Empecé comer sin tapujos, solo comer. Descubrí el placer. La recompensa natural en MAYÚSCULAS.
Además de por supuesto comprobar la promesa de lo bien que te sientes. Más el plus de descubrir otra versión sobre el ecologismo, la carne de paso fomenta el equilibrio del ecosistema y la conservación de zonas rurales frente al desastre para el Planeta de la desertificación del cultivo extensivo de cereales y legumbres. Toma ya.
Un inciso, me pareció muy bueno el comentario de Marcos Vázquez (fitness revolucionario): Los antepasados dibujaban mamuts en sus cuevas, como símbolo de proeza y supervivencia, no brócolis.
Pues bien con todo esto me acuerdo siempre de dos cosas: Si me preguntas, con qué comida disfrutabas más en tu infancia, te lo contesto sin dudar. Las costillas de cordero, yo las llamabas costillas de palo, para diferenciar de la carne que no tenía palo que roer.
Así de simple, así de revelador. Vuelta al origen.
Bueno, pues ya está. Una más de mis reflexiones de creencias limitantes, que tengo unas cuantas.
Un abrazo
Raquel
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